La autopista Mante–Ocampo–Tula (Tam-Bajío) volvió al centro del discurso oficial en Tamaulipas. El gobierno de Américo Villarreal la presenta como uno de sus principales logros en infraestructura.
Pero los datos cuentan otra historia.
El proyecto fue puesto en marcha en septiembre de 2021, durante la administración de Francisco García Cabeza de Vaca, con una inversión estimada entre 6 y 7 mil millones de pesos, bajo esquemas de participación privada y concesión. Desde su origen, la obra fue planteada como un corredor estratégico para conectar el sur de Tamaulipas con el Bajío y potenciar la salida de mercancías por los puertos de Altamira y Tampico.
Es decir, no se trata de una iniciativa del actual gobierno.
No fue diseñada por la administración de Villarreal.
No fue gestionada por Morena.
Y no hay evidencia de inversión estatal directa de este sexenio en su arranque.
A pesar de ello, la autopista ha sido incorporada al discurso oficial como un logro propio.
El contraste se acentúa ante la ausencia de obras de infraestructura de magnitud similar impulsadas por el actual gobierno estatal. Mientras la Tam-Bajío —de origen previo— se posiciona como insignia, no hay proyectos equivalentes que hayan sido iniciados, financiados y ejecutados íntegramente en esta administración.
En paralelo, decisiones recientes sí muestran una marca propia: el cambio en el modelo de uso de infraestructura existente.
El caso más visible es el tramo Victoria–Jaumave, hoy denominado Juan Capitán, que pasó de ser una vía sostenida históricamente con recursos públicos a operar bajo un esquema de cobro. En los hechos, implica que los usuarios vuelven a pagar por una carretera que ya había sido financiada con dinero público.
Así, mientras una obra heredada se convierte en bandera política, una vía previamente cubierta por el erario se transforma en fuente de ingresos.
El patrón es consistente:
se presume lo heredado y se cobra lo ya pagado.
La Tam-Bajío no solo conecta regiones. También exhibe la disputa por el crédito político en Tamaulipas.
Y en ese terreno, el origen de la obra no es menor: está fechado, documentado y lejos del discurso actual.





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