SALTILLO, COAHUILA.— Lo que tanto presumen como el estado más seguro del país terminó por desmoronarse en plena carretera. Un megaoperativo de la Fiscalía General de la República (FGR) y la Guardia Nacional no solo sacó de circulación un poderoso cargamento de armas, sino que dejó al descubierto una realidad incómoda: el millonario blindaje estatal de Coahuila es una coladera.
La captura del armamento ha desatado una auténtica cacería en el estado. Reportes internos señalan que la Policía Estatal, la temida Policía de Acción y Reacción (PAR) y todas las corporaciones locales han iniciado un despliegue de emergencia. El golpe pegó directo en la estructura, marcando lo que muchos ya sentencian en el terreno: así inicia la caída del Cártel Coahuila.
Falla la famosa «dizque» seguridad de Manolo; FGR los ningunea
El discurso oficial del gobernador Manolo Jiménez recibió un golpe de realidad por parte de las fuerzas federales. En un punto de revisión sobre la carretera a Zacatecas, agentes federales interceptaron un camión de la conocida empresa de paquetería Castores.
Al abrir la unidad, el truco quedó al descubierto: 15 armas largas de alto poder viajaban ocultas entre los envíos regulares. El chofer de la unidad fue detenido inmediatamente en el lugar, pero el verdadero escándalo no fue el decomiso, sino la ruta de impunidad que recorrió el arsenal antes de ser frenado por la Federación.
El cargamento «invisible» que la PAR no quiso ver
La pregunta que hoy quema en las oficinas del Palacio de Gobierno en Saltillo es una: ¿Cómo pasó ese camión por las narices de las autoridades estatales?
Fuentes de seguridad confirmaron que el camión de Castores cruzó previamente, y sin el menor contratiempo, por un retén de la Policía de Acción y Reacción (PAR). Para los agentes estatales, el cargamento de fusiles fue completamente «invisible». Fue hasta que la FGR —que ya traía la investigación y la pista arrastrando— le cortó el paso, evidenciando que los filtros locales o no sirven, o están mirando para otro lado.
El coraje en el gobierno del estado es mayúsculo. A la Fiscalía General del Estado (FGE) la «ningunearon» por completo; la Federación los dejó en la oscuridad y se enteraron de que les habían pisado el territorio hasta que el operativo ya había terminado y el chofer ya estaba rindiendo declaración.
Humillación en la FGR: Puertas en la cara a la Fiscalía Local
La desconfianza entre el Gobierno Federal y las corporaciones de Coahuila escaló a niveles de tensión máxima horas más tarde, a las afueras de las instalaciones de la FGR en Saltillo.
Hasta ese lugar arribó Gabriela Carrillo, directora del Centro de Operaciones Estratégicas (COE) de la Fiscalía del Estado, intentando obtener datos del arsenal y meter las manos en la carpeta de investigación. La respuesta federal fue una bofetada para las fuerzas estatales:
Acceso denegado: A pesar de llegar con uniforme oficial y credenciales en mano, los agentes federales le impidieron el paso al recinto.
Cero información: Se le ocultó cualquier detalle técnico o destino del arsenal asegurado.
A la calle: La funcionaria de alto rango fue enviada a esperar en la vía pública, donde permaneció por horas bajo el sol sin recibir una sola respuesta.
Las preguntas que incomodan al «Estado Blindado»
El decomiso deja las calles con 15 fusiles menos, pero abre una grieta de desconfianza imposible de cerrar.
¿Por qué la Federación prefiere operar en Coahuila a espaldas de sus policías? La respuesta parece obvia: no confían en ellos.
Mientras las corporaciones de Manolo Jiménez corren a marchas forzadas para intentar tapar el pozo con operativos de última hora, el camión de Castores ya dejó en claro que en Coahuila, el crimen organizado sigue encontrando rutas libres con la complacencia o la incompetencia de quienes prometieron blindar el estado.
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