La actual concentración de elementos de las Fuerzas Especiales de la Guardia Estatal (FEGE) en Ciudad Victoria no es una casualidad estratégica, sino el síntoma de una institución en descomposición. Mientras la ciudadanía exige seguridad, un grupo de elementos se dedica a extorsionar y «arreglarse» con la delincuencia, manchando el uniforme de quienes sí tienen vocación de servicio.
El Antecedente: La Herencia de la Corrupción Militar
La crisis actual no puede entenderse sin mirar el pasado reciente. El historial de mandos militares dentro de las corporaciones estatales ha dejado una mancha difícil de borrar, particularmente por sus nexos documentados con el «Grupo Escorpión» del Cártel del Golfo (CDG). Bajo la fachada de una disciplina castrense, lo que realmente se instauró fue una red de complicidades donde altos mandos facilitaron la operación de células criminales a cambio de beneficios económicos. Esta estructura «militarizada» solo sirvió para institucionalizar la corrupción, dejando el camino libre para que hoy los elementos de la FEGE sigan operando bajo la misma escuela de impunidad.
El Negocio de la Inacción
La denuncia interna es clara: estos elementos han convertido su estancia en la capital en un refugio para la corrupción. Se les acusa de no realizar trabajo de campo real, centrando sus esfuerzos en el robo institucionalizado contra los ciudadanos. El esquema es perverso: mientras «la maña» les garantiza ingresos extra, el Estado les sigue pagando como si fueran elementos de élite.
Sueldos de «Élite» para Resultados Nulos
Resulta indignante el contraste entre sus ingresos y su desempeño. Un elemento de la FEGE hoy percibe:
• Compensación mensual: 14 mil pesos.
• Bonos: Bono de riesgo constante.
• Viáticos: Cobro íntegro de viáticos, incluso estando concentrados en Victoria.
Este flujo de dinero —que supera incluso el salario de coordinadores con mayor responsabilidad— es utilizado para rentar espacios de lujo, mientras que otros elementos que operan sin apoyos deben cubrir sus necesidades básicas por cuenta propia. Ganan como especialistas, pero actúan fuera de la ley.
El Colapso de la Disciplina
La falta de rigor es evidente hasta en el aspecto físico: el uso incompleto del uniforme es solo el reflejo externo de la falta de disciplina interna. No hay nada de «especial» en un cuerpo que carece de orden, jerarquía y ética. Esta situación está «llevando entre las patas» a los buenos elementos, provocando que la sociedad civil generalice y perciba a toda la corporación como corrupta y «cochina».
«Urge una limpieza profunda. No se puede permitir que los que realmente trabajan sean señalados por culpa de quienes solo buscan el beneficio propio.»
La Solución: Mando Civil y Profesionalización Externa
Para rescatar a la institución, la propuesta es drástica pero necesaria:
1. Depuración Total: Quitar a los elementos señalados y fortalecer a quienes demuestran resultados.
2. Mando Civil: Es imperativo un mando que no esté viciado por las estructuras actuales.
3. Liderazgo Externo: La llegada de un profesional de carrera policial ajeno a los intereses locales para romper los lazos con la delincuencia.
La FEGE no puede seguir siendo un espacio de privilegios para unos cuantos a costa del bienestar de la ciudadanía y del orgullo de los policías honestos. Es momento de recuperar la dignidad policial.
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