FOTOS LA TRAGICA MUERTE DE LOS CIRUJANOS QUE OPERARON A “El Señor De Los Cielos”

Tres barriles metálicos, depositados cerca de la autopista que conduce desde la capital mexicana a Acapulco, despertaron las sospechas de la policía. Estaban sellados, pero tenían manchas de sangre y desprendían un olor fétido. Allí mismo abrieron uno. Debajo de una capa de cemento, rota a golpes, había un cadáver desfigurado.

No hacía falta continuar. Los agentes cargaron los bidones y los llevaron al servicio forense de la ciudad de Iguala, donde extrajeron los otros dos cuerpos.

Los tres pertenecían a varones de elevada estatura y presentaban huellas de torturas. El misterio de los “entambados” duró poco. En la tarde del miércoles las autoridades daban sus nombres:

Jaime Godoy, Carlos Ávila y Ricardo Reyes, otorrinolaringólogo el primero, cirujanos plásticos los segundos. Todos habían formado parte del equipo que sometió al capo Amado Carrillo a una reconstrucción facial y a una liposucción el pasado 4 de julio en -un hospital de la Ciudad de México.

Según la versión oficial, el corazón de Carrillo no resistió las ocho horas de operación. La familia de Godoy y otros testigos aseguran que el capo estaba en perfectas condiciones después de la intervención.

La autopsia mostró que alguien le había suministrado un medicamento hipnótico que, mezclado con la anestesia, le produjo un paro respiratorio.

Las preguntas se agolpaban.

¿Quién asesinó al narcotraficante? ¿Su propia gente, que quería liberarse de un jefe ya acorralado por las autoridades? ¿Un infiltrado? Y, sobre todo,¿era realmente el muerto Amado Carrillo? La DEA (agencia antinarcóticos de EE UU), primero, y el Gobierno mexicano, después, se apresuraron a asegurarlo, pero el cadáver que mostraron a la opinión pública, todo vestido de negro y con bigote, podía ser el del Señor de los Cielos o el de su vecino.

La muerte de Carrillo siguió una escalada de asesinatos, sobre todo en el norte del país.

Se habló entonces de una guerra entre narcos por la sucesión del gran jefe.

Pronto le llegó el turno al propio equipo médico, cuyos miembros habían asegurado que nunca conocieron la identidad real de su paciente.

Coincidiendo con el hallazgo de los tres cadáveres de los cirujanos, el diario sensacionalista chileno La Segunda publicó un reportaje en el que, citando “fuentes mexicanas de alto nivel”, aseguraba que la persona que murió en el hospital no era Amado Carrillo, sino un antiguo policía, apodado El Chiquilín, que le servía de doble en sus andanzas.

El capo, señalaba el diario, está vivo y actualmente colabora con la DEA.

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