El gobierno de Mancera “tuvo relaciones perversas con el crimen organizado”

CIUDAD DE MÉXICO.- Cuando Miguel Ángel Mancera era jefe de gobierno de la Ciudad de México, se “empezaron a tener relaciones perversas con el crimen organizado”, afirma sin dudar Jesús Orta Martínez, secretario de Seguridad Ciudadana (SSC), como preámbulo para explicar la grave situación de inseguridad y violencia que ahora vive la capital del país.

“Mancera lo que hizo fue: ‘a ver, pero ¿cómo le hacemos para que haya más dinero? Pues hay que meter más actividad, más valor agregado’. Entonces estos cárteles –que nunca quisieron aceptar que existían– empezaron a crecer de una manera desmedida. ¿Al amparo de quién? Pues de la autoridad. Nada es casualidad en seguridad”, sostiene el funcionario en entrevista con Proceso.

Y enumera: La Unión Tepito, en el llamado “Barrio Bravo” de la ciudad, y La AntiUnión, ambos en la Cuauhtémoc; el Cártel de Tláhuac en la misma alcaldía, Los Rodolfos, Los Molina y La Nueva Rosa, en disputa por Xochimilco, Coyoacán, y principalmente, Iztapalapa. Todos estos, dice, son “netamente hechos en la CDMX”.

Narcomenudeo, extorsión, secuestro, invasión de predios y restaurantes, trata de personas, lavado de dinero, robo a transporte público, a casa-habitación y de autopartes, así como clonación de tarjetas, son los principales delitos de alto impacto que cometen.

Según el exsecretario general de la Policía Federal y excontralor general del gobierno capitalino, estos cárteles están “bien organizados”, pero no tienen el nivel de complejidad de los grandes, como el del Golfo o el de Sinaloa. “Lo que sí tienen es una consolidación en su territorio, lo tienen muy controlado”, aclara.

Una nota del diario El Universal publicada el pasado 26 de febrero y basada en “un trabajo de inteligencia” de la SSC y la Procuraduría General de Justicia capitalina (PGJ-CDMX) identifica además a los grupos delictivos Los Pozoles, Los Panchos, Los Pitufos, Los Colombianos, Los Spring Breakers, Los Ruteros y los Yonkeros.

En la capital, añade, los cárteles de los Los Beltrán Leyva y el de Jalisco Nueva Generación (CJNG) también están presentes, “pero no tienen una operación con violencia. Sabemos que meten droga, que lavan dinero aquí porque es el centro financiero del país”.

De hecho, ubica al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) como “el punto de intercambio más grande del país, de lo que quieras: droga, personas, inmigrantes, contrabando, piratería”. Otro nicho de la delincuencia que señala es la alcaldía Gustavo A. Madero que, aunque tiene actividades “con menor valor agregado”, como los taxis “pirata” y los espacios en tianguis, controlados por dos familias rivales, cuyos nombres se reserva el entrevistado, también es un espacio de venta de droga.

La zona de La Merced, en Venustiano Carranza, es “otro punto complicado”, pues ahí se comete la extorsión, el lavado de dinero, el secuestro y la trata de personas. Orta Martínez adelanta que el gobierno capitalino prepara un proyecto de recuperación para el área, que requerirá de una fuerte inversión económica.

De acuerdo con el jefe de la policía capitalina, las “rachas de violencia” que generan estos grupos responden a la disputa del territorio o bien, a que, cuando la autoridad ataca la cabeza de una banda, ésta se escinde y “los de abajo se vuelven adversarios” para ganar el control. “Eso pasó con La Unión y la AntiUnión”.

El origen de la violencia

Desde su oficina en el piso 12 de la SSC, frente a una pared llena de pantallas donde se observa lo que pasa en múltiples partes de la capital mexicana, y detrás una vista de los principales rascacielos de este monstruo de ciudad, el economista por el Instituto Tecnológico de Monterrey –ciudad de donde es originario– y maestro en Administración de Empresas por la Universidad de Texas, afirma que la seguridad “es un tema que no se mueve de un día para otro y en el que nada es casualidad”.

Luego, explica la razón por la que la CDMX está sumida en la inseguridad y la violencia. Según su análisis, Cuauhtémoc Cárdenas fue el primer jefe de gobierno que tomó medidas “de carácter estructural” para resolver la “brutal” inseguridad que entonces privaba en la capital, aunque como sólo estuvo tres años, no pudo ver los resultados.

Andrés Manuel López Obrador y su jefe de policía, Marcelo Ebrard, crearon las coordinaciones territoriales, y entre las varias acciones que se emprendieron se cuenta el envío de policías preventivos y judiciales a las 10 colonias de mayor incidencia delictiva para revertir el efecto. La estrategia, dice, también logró reducir el robo de vehículos de 200 a 100 al día.

Al llegar Ebrard, “la ciudad empieza a tener un nivel de seguridad que, además, iba a contracorriente de lo que sucedía en el país”. Por ello, cuando llegó el exprocurador Mancera Espinosa al cargo de jefe de Gobierno, “se encuentra con este confort excepcional”: cuadrantes implementados, gabinete de seguridad, evaluaciones de desempeño, estratificación del territorio, órdenes de operación y planeación.

“Casi casi que el que llegó (a la SSC, Jesús Rodríguez Almeida), se sentaba, se ponía a ver las pantallas, supongo, y decía: ‘No pasa nada. Aquí no hay que hacer nada’. Y no hicieron nada. Así funcionó solito, pero con una diferencia: empezaron a tener asociaciones perversas con el crimen organizado, porque éste no se dio por generación espontánea.”

Asegura que durante los primeros cuatro años de la pasada administración las organizaciones delictivas operaron “amparadas por la autoridad en diversas actividades”. No obstante, ya en la etapa de Hiram Almeida al frente de la policía “se salieron de control” y fue entonces que las autoridades “sistemáticamente negaban” la presencia de cárteles en la capital y, al mismo tiempo, comenzaron “a exprimir a la vaca sagrada que es la policía” para obtener recursos.

Peor aún, explica, a partir de 2015, los índices delictivos “se fueron todos para arriba, pero se dieron cuenta y los empezaron a controlar desde la parte estadística”, ya con Raymundo Collins al frente de la SSC.

Este dato lo corroboró la actual procuradora, Ernestina Godoy, el pasado 10 de enero, cuando denunció públicamente que el gobierno mancerista “maquilló” las cifras para mantener la incidencia a la baja.

Orta Martínez asegura que esa es la razón por la que la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE 2018) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) marca, por ejemplo, que en 52.8% de los hogares en la capital haya víctimas de delito, que 88.3% de los capitalinos consideren inseguro vivir en la CDMX, 90.7% se sientan más inseguros en el transporte público y que la policía capitalina esté en el sexto lugar de confianza (35.4%) a nivel nacional.

Policía en “pésimo estado”

El titular de la SSC cuenta que, meses antes de que Claudia Sheinbaum lo anunciara como jefe de la policía, comenzó a revisar el estado en el que se encontraba la dependencia que recibiría. Al presentarse en el edificio de Liverpool 136, colonia Juárez, consultó cifras y observó que entre los 88 mil integrantes de la dependencia –sólo mil 292 tienen plaza de estructura, y el resto, plaza policial– había 9 mil uniformados menos que en 2012.

Las razones: rotación de plazas, jubilaciones, bajas por reprobar exámenes de control de confianza, incapacidades parciales y totales, sumado a que no se efectuó el reclutamiento necesario. Y, reconoce, el sueldo de los policías tiene un rezago de 23% de los últimos seis años y muchos prefirieron irse a otras entidades donde les pagaban más; por ejemplo, en Nuevo León, Tamaulipas, Veracruz o Guanajuato, pese a la lejanía y el riesgo de violencia.

Además, unos mil 400 elementos estaban asignados como escoltas gratuitas para cuidar a diputados locales y federales, senadores, exjefes de gobierno, dueños de medios de comunicación, periodistas –“quienes fueron los que más reclamaron cuando se los retiramos”– y empresarios. Uno de ellos, de los más poderosos del país, y su familia –cuyo nombre se reserva el secretario–, tenían a su servicio aproximadamente a 30 agentes.

El segundo día de su gobierno, Sheinbaum y Orta comenzaron a recorrer los 70 sectores policiales –equivalentes a los cuarteles de los soldados– y atestiguaron el “pésimo estado” de la infraestructura y los servicios. Además, sostiene el funcionario, descubrieron robo de combustible y fraude en los talleres de reparación de patrullas –4 de cada 10 no funcionan–, bicicletas descompuestas y compras con sobreprecios mayores al 100%.

Refiere que las dos cajas de ahorro estaban “totalmente quebradas” y había inconformidad por favoritismos en la entrega de créditos de vivienda y porque muchos de los mandos obligaban a los policías de la calle a llevarles dinero recaudado en las calles. “Teníamos una fuerza muy inferior a la que necesitábamos para implementar nuestra estrategia”, indica.

Resultados, a finales de 2019

El pasado 7 de febrero, en su conferencia mañanera, el presidente Andrés Manuel López Obrador admitió que la inseguridad en la CDMX va en aumento. Veinte días después, Sheinbaum reconoció que la estrategia de su gobierno para revertir la inseguridad les ha tomado “más tiempo” del que pensaron. Actualmente, se cometen 4.1 homicidios al día y mil delitos de alto impacto a la semana en la capital, según cifras de la SSC.

Próximamente, la jefa de gobierno rendirá un informe sobre los primeros 100 días de su gobierno. Jesús Orta adelanta a Proceso que presentará “resultados mixtos”, en el sentido de que hay delitos, como el homicidio, que “trae un cambio de tendencia a la baja”, igual que el robo a pasajeros en microbús, aunque los operativos han generado un “efecto cucaracha” a otros sistema de transporte.

No obstante, otros, como robo a transeúnte, “confirman su tendencia a la alza”. Dice que el robo a vehículo “está estable” y que los delitos cometidos en el Metro tienen aumento porque “se ha invitado a más gente a denunciar”

–¿Cuándo los capitalinos van a ver resultados positivos de esta estrategia?

–Yo me comprometí con la doctora Sheinbaum a un año. Sí creo que se puede hacer, cambiar la tendencia sí se puede.

–Pero todos los días en las noticias se ven hechos de violencia, linchados, ejecuciones múltiples, asaltos, secuestros, ajustes de cuentas…

–A mí no me preocupa que ustedes, que la televisión, saquen un muerto, porque esa es la realidad. Lo que me preocupa es que se genere psicosis y una percepción de hiperinseguridad a partir de hechos que no son y que cada vez hay más debido a los rumores (sic).

“Sí creo que la percepción va a tardar más tiempo, pero a mí lo que me interesa es que, en realidad, sin simulación, con hechos, esto esté ya de bajada. Que la percepción va a tardar, puede ser, pero cuando yo hablo de resultados es porque la incidencia realmente esté bajando, sin simulación, sin maquillaje, sin nada.”–¿Qué le dice a quienes todos los días salen a la calle con miedo de un asalto?

–Lo que les puedo decir es: se había perdido la disciplina, la estrategia y se habían desviado los recursos destinados a seguridad. Estamos enderezando ese barco. Regresamos a tener una estrategia. Estamos fortaleciendo a la policía, metiendo más patrullas y que los recursos se destinen a lo que se deben destinar. Y con esta combinación de cosas y una coordinación, que tampoco se estaba dando con la Procuraduría, con el gobierno federal y con las alcaldías, vamos a regresarle la seguridad a la ciudad. En un año vamos a ver cómo la incidencia delictiva va a la baja de manera real. Nos falta tiempo y paciencia. El camino lo tenemos andado.

Este reportaje se publicó el 10 de marzo de 2019 en la edición 2210 de la revista Proceso.

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